Cultura Indígena Venezolana
miércoles, 21 de octubre de 2015
martes, 20 de octubre de 2015
FAMILIA LINGÜÍSTICA INDÍGENAS
Los Arawacos
Los arawacos constituyeron el grupo indígena más numeroso y extendido
dentro del continente americano. La mayor parte de su población se localizó en
el área amazónica, desde donde penetraron al territorio venezolano siguiendo el
curso de los grandes ríos del Sur.
Otros grupos llegaron por el
Occidente a través de la península de la Guajira, procedentes del actual
territorio de Colombia. Se ubicaron en la costa occidental. donde vivieron
principalmente de la pesca y la recolección de moluscos También se localizaron
en los llanos del Sur y en las selvas de Guayana, donde practicaron el cultivo
de maíz y yuca. Los arawacos desarrollaron la técnica del tejido, mediante la
cual fabricaron hamacas, redes y cestas. Con el barro elaboraron vasijas.
En Venezuela están distribuidos Geográficamente en:
• Región Oriental: los Arawak del estado Delta Amacuro y de la Guayana Esequiba.
• Región Noroccidental: los Wayúu o Guajiros, en la península de la Guajira y los Añú, comúnmente llamados Paraujanos, en la laguna de Sinamaica, en Nazaret y en Santa Rosa de Agua, en el Estado Zulia.
• Región Sur: Los Baré.-cuyo idioma es hablado por pocos ancianos- en la zona del Río Negro, los Curripaco y Guarequena en la zona de río Atabapo. Los Yaviteros-de la zona de Yavita pueden considerarse como extintos.
Los Caribes
las tribus
de lengua caribe penetraron al territorio venezolano desde el sureste,
utilizando diferentes vías, tanto terrestres como fluviales y marítimas.
Se localización en las costas
orientales de Venezuela. de donde desplazaron a los arawacos. gracias a su
actitud belicosa.
Practicaron la agricultura y construyeron sus viviendas en aldeas cercanas a los conucos, donde cultivaron el maíz, la yuca. el algodón y la batata, También fueron grandes navegantes y expertos cazadores. Las comunidades caribes practicaron el comercio con sus vecinos por vía fluvial y marítima.
Se encuentran ubicados
geográficamente en:
• Las Tierras Altas
Noroccidentales del estado Zulia Ocupadas por los Yukpa y Japreria
(antiguamente llamados motilones mansos) únicos pobladores caribes del
Occidente de Venezuela, en la Sierra del Perijá. Sus vecinos al norte son los
Wayuu de origen Arawak, y al sur, los Bari, de origen Chibcha.
• Los llanos Orientales de los
estados Monagas, Anzoátegui, parte del Estado Sucre, donde encontramos a los
Kariñas y algunos descendientes de los Chaimas.
• En el Municipio Cedeño Del Estado
Bolívar encontramos a los Mapoyo o Wanai, que viven circundados por los ríos
Caripo y Villacoa. En las cuencas de los ríos Cuchiveros, Suapure y Guaniamo
encontramos a los E’nepá conocidos en la Literatura Etnológica como Panare.
• En los Municipios Piar, Heres y
Roscio del mismo Estado Bolívar ubicamos los Pemones.
• En las regiones situadas a lo
largo de los ríos Caura, Paragua, Erebato, Ventuari y Cunucunuma encontramos a
los Ye`kuana o Maquiritare. Todos Estos ríos ,que nacen en los altos Tepuyes,
son tributarios del Orinoco; por esta razón los Ye´kuana denominan su
territorio Ujuruña, que quiere decir “lugar de las cabeceras”
Antiguamente los Caribes, que
eran grandes marineros, ocupaban también las antillas donde desplazaron a veces
a los Arawak.
Los Timotocuicas
Los timotocuicas representaron los grupos indigenas más avanzados dentro del territorio venezolano y estaban relacionados con la cultura chibcha de los Andes.Se localizaron en los actuales estados Mérida y Trujillo, donde construyeron aldeas de piedra y barro.
Desarrollaron la agricultura de
regadío en terrazas construidas en las áreas montañosas, donde cultivaron la
papa. el cacao, el maíz, el tabaco y el ají. También fueron excelentes
alfareros y textileros,
Practicaron el comercio con otras
comunidades indígenas venezolanas, mediante el intercambio) de sus artesanías
por productos y frutos. como el algodón y la sal, De acuerdo con algunos
estudios, se cree que los arawacos timotocuicas y caribes practicaron el
trueque y, al parecer. no) sostuvieron grandes enfrentamientos pues, de
haberlos tenido habría desaparecido la población de esas comunidades. Sin
embargo, sí sornetieron a otras pequeñas tribus, que comenzaron a depender de
ellas, sobre todo en el campo lingüístico.
ÁREAS CULTURALES INDÍGENAS
DISTRIBUCIÓN DE LOS PRIMEROS INDÍGENAS
De
acuerdo con el historiador y antropólogo venezolano Miguel Acosta Saignes, la
población indígena venezolana para el siglo xv se encontraba distribuida en 10
áreas culturales según sus semejanzas en cuanto a lengua y formas de vida
De
acuerdo con el historiador y antropólogo venezolano Miguel Acosta Saignes, la
población indígena venezolana para el siglo xv se encontraba distribuida en 10
áreas culturales según sus semejanzas en cuanto a lengua y formas de vida
· Área de la costa caribe: formada por agricultores y pescadores que se
extendieron desde el Orinoco hasta los estados Portuguesa y Lara; incluye a los
Otomacos, taparitas y parcialmente a los Yaruros, con tres subáreas: los
cumanagotos, palenques y caracas.
· Área de los ciparicotos: integrada por
tribus de origen y lengua caribe que se localizaron en la costa oriental de
Falcón.
· Área de los arawacos
occidentales: localizada
en la región centro-occidental, en los actuales estados Falcón, Lara y Yaracuy,
hasta la costa oriental del lago de Maracaibo. Sus principales representantes
fueron los caquetios.
· Área de los Jirajaras y
Ayamanes: formada
por tribus de recolectores, cazadores y pescadores de los llanos centrales y
montañas de Nirgua. en Yaracuy. También incluye a los axaguas.
· Área de la Guajira: integrada por tribus de
recolectores, cazadores y pescadores que se localizaron en la península de la
Guajira y la costa occidental del lago de Maracaibo. El origen de las tribus
guajiras corresponde a la cultura caribe, aunque algunos señalan que son
de la familia arawaca.
· Área de los caribes
occidentales: formada
por tribus de agricultores, cazadores y pescadores localizados entre la sierra
de Perijá y el sur del lago) de Maracaibo. En esta área se incluyen los
motilones y los bobures.
· Área de los Andes venezolanos: integrada por tribus agrícolas de gran
desarrollo que poblaron la región andina. Procedían de Colombia y sus
representantes más importantes fueron los cuicas. los timotes y los totuis.
· Área de los recolectores,
cazadores y pescadores: formada
por diferentes tribus independientes que se extendieron desde el delta del
Orinoco hasta los llanos de Apure.
· Área de los Otomacos: tribus relacionadas con
las culturas de la América Central que se localizaron en los llanos bajos de
Apure y en las riberas del río Orinoco. Entre sus representantes están los
guamos. los taparitos. los Otomacos y los Yaruros.
· Área de la Guayana: formada por tribus de
origen caribe que se localizaron al sur del río Orinoco y en lo que es hoy
el estado) Amazonas.
LOS PUEBLOS INDÍGENAS VENEZOLANOS Y SU RELACIÓN CON EL MEDIO AMBIENTE
PUEBLOS INDÍGENAS VENEZOLANOS Y SU RELACIÓN CON EL
AMBIENTE
RESUMEN
RESUMEN
La deforestación de los bosques tropicales y los daños ecológicos por
explotaciones petroleras, mineras y carboníferas en Venezuela, no sólo destruyen
al ambiente natural, sino también son una amenaza para la preservación cultural y
la protección del territorio de los indígenas venezolanos que habitan estas zonas,
los cuales tienen unos conocimientos ancestrales y han logrado mantener una
filosofía de vida de mayor equilibrio con su entorno. Sin embargo, estas
tradiciones ambientales son poco conocidas y apreciadas a pesar de ser tan
amplias como la cantidad de estos pueblos en Latinoamérica. El propósito del
estudio fue realizar una investigación que permitiera mostrar la visión de algunos
pueblos indígenas venezolanos sobre su relación con el ambiente natural, a fin de
promover la reflexión sobre sus valores ambientales, y proponer un modelo para
la promoción de una cultura ambiental sostenible, necesarios para la Educación
Ambiental, para lo cual se proponen lineamientos orientadores, a fin de preservar
la relación cultural y ambiental de los pueblos indígenas venezolanos. Para esto,
se realizó una recolección exhaustiva en diferentes fuentes relacionadas con el
tema, para finalizar con un bosquejo de seis comunidades indígenas venezolanas:
Waraos, Pemones, Yanomami, Wayúu, Bari y Wóthüha, además de plantear
algunos factores esenciales que podrían tener influencia positiva en la toma de
decisiones ambientalistas y el uso responsable de los ecosistemas venezolanos.
Palabras claves: indígenas; valores ambientales, cultura ambiental sostenible,
conocimientos ancestrales.
INTRODUCCIÓN
El dominio cultural, económico, social y político sobre los pueblos indígenas
de América Latina desde el siglo XVI ha repercutido hondamente en la forma
como éstos se perciben a sí mismos y cómo son percibidos por el resto de la
sociedad. Pero un hecho es incuestionable a pesar de ser descendientes directos de
los pobladores originales del continente, no existe un solo país en América Latina
en el que los derechos de estos pueblos sean plenamente reconocidos y sobre todo
respetados (Bartolomé y Barabas, 1998).
Sin embargo, por décadas, tanto el discurso como la historia latinoamericana
se han construido con referencias hacia nuestro pasado indígena. Es así como los
mexicanos se consideran herederos de los mexicas o de los mayas, aún cuando la
explotación y discriminación hacia los indígenas actuales permean todas las
esferas de la sociedad mexicana. En Argentina, es frecuente escuchar comentarios
evocando a nuestras raíces indígenas, pese a que en este país apenas quedan
sobrevivientes de los habitantes originales tales como: Pampas, Huarpes,
Tonocoté, Tehuelches y Mapuches, entre otros. En Paraguay, la mayor parte de la
población habla guaraní, lengua de la etnia del mismo nombre (que ya ha sido
reconocida legalmente como lengua oficial del país, además del castellano); pero
los indígenas siguen siendo despreciados, marginados, despojados de sus tierras y
sus costumbres. Así mismo, los niños de la etnia Aymara de Bolivia (que también
habitan parte del Perú) aprendían en sus textos escolares, hasta hace muy poco
tiempo, que los aymaras eran los primitivos pobladores de su país, como si fueran sólo parte del pasado, aunque conforman la mayoría de la población boliviana
actualmente (Bartolomé, 1997; Montemayor, 2000 ; Reina, 2000).
Otra de las etnias latinoamericanas que ha tenido una nueva importancia en
los medios de comunicación, en la política y en la sociedad civil es la Mapuche de
Chile, en palabras de Bengoa (1999, p.102): “a raíz de las movilizaciones
indígenas iniciadas en 1992 en demanda de la restitución de las tierras usurpadas
y el respeto a las formas de vida tradicionales”; este pueblo indígena cobra nuevos
bríos en la defensa de sus derechos. Sin embargo, actualmente siguen en su lucha
por su reivindicación social, su soberanía y sus tierras.
Este esfuerzo de los pueblos indígenas por revertir condiciones de injusticia,
discriminación y opresión a las que se han visto sometidos no es reciente. Sin
embargo, desde la segunda mitad del siglo XX ha cobrado nuevos bríos a lo largo
y ancho de América Latina. Por su parte Reina (2000, p.347) destaca que
novedosas formas de organización, “basadas en cambios de las leyes que
reconocen derechos a los pueblos indígenas que les habían sido negados, han
posibilitado el fortalecimiento de un movimiento indígena continental que poco a
poco va ganando espacios en la sociedad latinoamericana”. Un ejemplo de ello lo
constituyen la Confederación de Naciones Indígenas del Ecuador (CONAIE) y el
Congreso Nacional Indígena (CNI) de México. La primera reúne a las 11 etnias
indígenas del Ecuador, mientras que el segundo está conformado por 48
representantes de las 59 etnias indígenas mexicanas. Ambas organizaciones, junto
con otras similares, trabajan desde hace varios años y con diversidad de
estrategias para lograr un objetivo común: el reconocimiento de su papel dentro de
la sociedad y el de sus derechos dentro de la ley.
Así mismo a nivel legal, países como Nicaragua, Colombia y Venezuela han
realizado modificaciones jurídicas pertinentes en aspectos fundamentales para los
pueblos indígenas, como la autonomía (Bartolomé y Baradas, 1998). Ésta se
refiere a la delimitación de espacios territoriales, políticos, jurídicos, económicos,
lingüísticos y culturales que constituyen jurisdicciones sobre las cuales las etnias
ejercen un control definitivo. Lo que lleva a afirmar que los pueblos indígenas latinoamericanos, han vivido procesos de transformación a través de luchas por su
reivindicación social y cultural, respeto de sus derechos y legitimación de sus
espacios naturales. De allí, la importancia de destacar que los indígenas por su
sabiduría ancestral han aprendido a vivir en equilibrio con el ambiente. Toman de
la naturaleza lo que necesitan para vivir y a su vez le dan vida, procurando a
través de diferentes prácticas no alterar los ciclos naturales de los cuales son
conocedores, ya que han formado parte de sus vidas y estas enseñanzas
sustentables pasan de generación en generación. De tal manera que generan
corresponsabilidad del acontecer ambiental al reconocer la interconexión y
dependencia recíproca de todos los elementos que hacen posible la sustentabilidad
del desarrollo y la vida. En otras palabras cada cultura indígena es el reflejo del
mundo natural en el que vive.
Con base en las ideas previamente expuestas, en este estudio se analizan
referentes teóricos y legales relacionados con algunos pueblos indígenas
venezolanos y sus visiones ancestrales que transmiten de generación en
generación; particularmente relacionadas con la preservación y respeto hacia la
naturaleza. Esto, con la finalidad de valorar esas relaciones tomándose como
ilustración seis comunidades indígenas y sus ubicaciones: los Waraos (Delta del
Orinoco al Sur del estado Monagas), los Pemones (estado Bolívar y áreas vecinas
de Guayana y Brasil), los Yanomamis (estado Amazonas en las cuencas de los
ríos Orinoco, Mavaca, Padama, Siapa, Ocamo y Orinoquito), los Wóthüha
(Región Guayana), los Wayúu (estado Zulia, Sierra de Perijá entre Venezuela y
Colombia) y los Bari (Sierra de Perijá y Colombia). El referido análisis nos
permitirá construir algunos lineamientos orientadores, a fin de preservar la
relación cultural y ambiental de los pueblos indígenas venezolanos como un
modelo que podría ser útil para la promoción de una cultura ambiental sostenible
en las áreas de influencia de los pueblos indígenas de Venezuela, ya que son
portadoras de un conocimiento milenario sobre biodiversidad, especies de flora y
fauna con una interrelación entre naturaleza y sociedad.
Origen de las culturas Indígenas Venezolanas
Las voces humanas se escucharon
en las tierras que son hoy territorio de la República de Venezuela (916.445km2), por primera vez
seguramente hace ya 14.000 años. El hombre Venezolano vivió, pues, en su tierra
desde la antigüedad. Estos hombre formaron pueblos de selvas, pueblos de río,
pueblos de llanura, pueblos de montañas y pueblos del mar; recolectores, pescadores,
cazadores, agricultores alfareros, diversas culturas que contribuyen a la vida
milenaria prehispánica.
Hay antropólogos que aseguran
17000 años para los primeros invasores, paleoindios cazadores de mastodontes,
gliptodontes y megaterios. Llegaron al territorio; no son originario de él sino
de sus conquistadores, como lo serían los españoles, fundadores de la cultura
actual. En el más reciente estudio sobre la existencia de las culturas indígenas
venezolanas se logra establecer con fecha más antigua para los indios el año
12000 a. C. toda una historia anterior a la Historia, cuando los indígenas tomaron
posecion de la morada venezolana, desarrollaron culturas, crearon lenguas,
fabricaron casas, abrieron caminos, fueron a la guerra, formaron tribus,
acotaron la paz.
Los Pueblos Indígenas
Venezolanos
La Organización de las Naciones Unidas (2006) ha adoptado una definición
oficial de indígenas debido a la diversidad de los pueblos existentes. Tal concepto
moderno e inclusivo del término indígenas abarca a los pueblos como aquellos
que se identifican a sí mismos como comunidades indígenas con una continuidad
histórica, cuyos lazos son fuertes con sus territorios y sus recursos naturales y
además conservan su cultura, creencias y lenguas las cuales transmiten de
generación en generación.
En algunas regiones puede preferirse la utilización de otros términos, tales
como tribus, primeros pueblos o naciones, aborígenes, grupos étnicos, adivasi o
janajati, todos ellos abarcados por el concepto moderno de "indígena". En tal
sentido, la Ley Orgánica de los Pueblos y Comunidades Indígenas (2005) en su
Artículo Nº 3, los define en un sentido más específico bajo los siguientes
términos:
Es toda persona descendiente de un pueblo indígena, que habita en el
espacio geográfico […] y que mantiene la identidad cultural, social y
económica de su pueblo o comunidad, se reconoce a sí misma como tal y
es reconocida por su pueblo y comunidad, aunque adopte elementos de
otras culturas.
En otras palabras se considera indígena a todo individuo de cualquier género,
que cohabita en un espacio determinado de manera colectiva, es decir en
comunidad. Mantiene su identidad y cultura ancestral identitaria a pesar de
insertar en ellas características de otras culturas a las cuales se aproximan,
producto de la dinámica de la globalización o por las necesidades migratorias
provocadas por deterioro ambiental.
Las comunidades indígenas de Venezuela se desarrollaron de acuerdo con las
posibilidades y recursos que le ofrecía el medio geográfico, obteniendo de allí los
elementos básicos para la vida. El agua, fue el principal recurso natural para estas
comunidades, localizando sus aldeas casi siempre cerca de ríos, lagos y lagunas.
Este recurso, aparte de proporcionarles alimentos seguros como peces, mariscos y
conchas marinas, les servía de vías de comunicación a través de canoas, curiaras y
balsa. Además, era utilizada para fines culinarios, personales y para las cosechas.
De allí que la mayoría de los indígenas practicaban ritos mágicos o religiosos
dirigidos a provocar las lluvias y curar enfermedades (Leal, 2008)
Otro elemento importante fue el suelo, recurso aprovechado por las
comunidades indígenas de diferentes formas y de acuerdo con el grado de
desarrollo alcanzado por ellas. Los grupos recolectores obtenían del suelo raíces y
tubérculos para su alimentación, los grupos agricultores aprovechaban las tierras
fértiles para sembrar plantas como maíz, papa, yuca y otros frutos. También la
vegetación de bosques y sabanas, les ofreció una fuente inagotable de recursos y
materiales que les permitía sobrevivir; los árboles proporcionaron frutos
comestibles y fibras para la fabricación de tejidos, cestas y hamacas. La madera,
fue utilizada para la construcción de viviendas y utensilios (ob.cit). En otras
palabras, vivían en una estrecha interrelación con el ambiente sin deteriorarlo ya
que tenían presente la interdependencia existente.
Desde tiempos inmemoriales existen sociedades indígenas en Venezuela las
cuales no eran homogéneas, sino con diversidad en sus culturas, creencias y
tradiciones, existiendo evidencias arqueológicas e históricas de estos ancestros,
estudiados por antropólogos y otros científicos; a pesar de ello, actualmente
algunas poblaciones indígenas han adoptado costumbres de la vida moderna, al
igual que ocurrió en los tiempos de la Colonia cuando, entre otras cosas, fueron
convencidos de aplicar nuevas técnicas en la agricultura para satisfacer las
demandas de la población, más allá de la importancia del deterioro de ciertos
suelos.
Eso ha ocurrido por considerarse a las sociedades indígenas como obstáculo
para la integración nacional en el ámbito lingüístico, cultural y religioso, así que
los blancos criollos iniciaron un proceso de despojo a la fuerza de territorios
indígenas y desconocimiento de sus derechos culturales, generando como
resultado que los pueblos indígenas sobrevivientes se desplazaran a las zonas más
agrestes del país como la franja fronteriza (Sánchez y Hernández 2004, Sanoja y
Vargas 1999)
La mayor parte de estos pueblos habitan en los bosques húmedos al sur del
Río Orinoco, manteniendo sus costumbres ancestrales vivas, por ejemplo los
modos de producción de cultivos, pesca y caza. En contra parte la situación de
otros es diferente; se les utiliza con fines particulares en la explotación de la tierra,
minería e incluso son llevados a las grandes ciudades para trabajar en la economía
informa
Actualmente, se pueden encontrar diversos mapas e informaciones que
difieren en la cantidad de pueblos indígenas venezolanos, debido a distintas
interpretaciones, como aquellos donde realizan reivindicaciones étnicas o
reindigenización, donde los actores indígenas o en proceso de reconocimiento
legitiman sus aspiraciones de identificación étnica con la revitalización de sus
prácticas culturales y la reactivación de sus memorias colectivas. A continuación
se presenta dos de estos mapas:
En el primer mapa se puede observar que aparece reflejado cuarenta y cuatro
pueblos indígenas según el Censo de Comunidades Indígenas en el 2001 donde se incluye a los Timotes, Quinaroe y Guazabara en el estado Mérida, Inga y
Guanono en Amazonas, Uruak y Sape en Bolívar, Camentza y Ayamán en
Barinas, Amorua en Zulia, entre otros, a diferencia del segundo donde sólo se
indica la existencia de treinta y un pueblos indígenas, tomado de varias fuentes
entre ellas OCEI (1994) y el INE (2006).
Reconocimiento Legal de los
Pueblos Indígenas Venezolanos y su Cultura
El primer reconocimiento que se hizo a los indígenas ocurrió en el siglo XVII
cuando el Fray Bartolomé de las Casas instó a la Corona Española a proteger a los
indígenas, además de lograr la promulgación de las Leyes de Indias, en las cuales
se ordenaba que a los indígenas se les tratase con respeto y consideración, es
importante destacar que para esa época se les denominaban indios, pero en la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (2000) se sanciona que el
nombre actual debe ser indígenas.
En los últimos años se ha dado una amplia discusión sobre los derechos
culturales de los pueblos indígenas y su reconocimiento constitucional, lo que
llevó a que se presentara una amplia y variada gama de propuestas que fueron
atendidas en el escenario del proceso constituyente. Como resultado de esto, en la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (Ob. cit) se consagra la
esencia participativa del Estado y establece un nuevo orden de convivencia
política entre los diferentes grupos étnicos y el Estado venezolano (Colmenares,
2001; Leal, 2006).
La Carta Magna de Venezuela (2000) en su Artículo Nº 9 establece que:
El Estado reconocerá la existencia de los pueblos y comunidades
indígenas, su organización social, política y económica, sus culturas, usos y
costumbres, idiomas y religiones, así como su hábitat y derechos ordinarios
sobre las tierras que ancestral y tradicionalmente ocupan y que son
necesarias para desarrollar y garantizar sus formas de vida.
En este sentido, el Estado venezolano incluye constitucionalmente derechos a
los pueblos indígenas, garantizándoles su organización social y prácticas
culturales. De esta manera se otorga rango constitucional al respeto del desarrollo de sus vidas en los espacios naturales que ocupan ancestralmente, siendo un logro
social, cultural y político del movimiento indígena venezolano, en búsqueda de la
unidad en la diversidad.
En el 2001 se realiza el Censo de Comunidades Indígenas donde se registró la
existencia de 30 pueblos con una población que asciende a 510.000 personas que
se autodefinían como pertenecientes a algún pueblo indígena, además de
evidenciarse que para esa fecha 180.000 reportaban habitar en sus comunidades
tradicionales mientras el resto 330.000 en zonas urbanas o rurales, siendo los
estados Amazonas, Anzoátegui, Apure, Bolívar, Delta Amacuro, Monagas, Sucre
y Zulia donde predominan estas comunidades. Tradicionalmente, han sido
clasificados de acuerdo a sus lenguas y rasgos culturales en Independientes,
Caribes, Arahuacos y Chibchas, por lo que a partir de estos datos, se puede inferir
que la diversidad cultural en Venezuela es elevada y se debe proseguir trabajando
para su reconocimiento.
Este Censo se encuentra inscrito en el XII Censo de Población y
Vivienda y su objetivo es proporcionar al Estado la información necesaria para la
planificación, administración y toma de decisiones con respecto a estas
poblaciones debido a sus características culturales y su ubicación. En este orden
de ideas, en búsqueda del reconocimiento de estas culturas, la Asamblea Nacional
de Venezuela aprueba la Ley Orgánica de los Pueblos y Comunidades Indígenas
(2005) con miras al respeto y reivindicación de estos pueblos, otorgándoles,
principalmente, derechos e inclusión. Por primera vez existe en el país un
instrumento de rango legal destinado a regular de manera integral el tema
indígena. Así mismo, parte de los derechos indígenas vinculados a la
biodiversidad y conocimientos tradicionales asociados ya ha sido regulado en la
Ley de Diversidad Biológica (2000). En la referida Ley Orgánica de los Pueblos y Comunidades Indígenas (2005),
en su Artículo Nº 4, Numeral 3 establece: “Proteger las formas de vida y el
desarrollo sustentable de los pueblos y comunidades indígenas […]”. Igualmente
en su Artículo Nº 5 plantea: “Los pueblos y comunidades indígenas tienen el derecho a decidir y asumir de modo autónomo el control de sus propias
instituciones y formas de vida […], protección y defensa de su hábitat y tierras.”
Seguidamente, en su Artículo Nº 48: “Los pueblos y comunidades indígenas
tienen derecho a vivir en un ambiente sano, seguro y ecológicamente equilibrado
y coadyuvarán en la protección del ambiente y de los recursos naturales”.
En otras palabras, el Estado en coordinación con las comunidades indígenas,
garantizará y velará por la conservación e integridad del hábitat y tierras
indígenas, la riqueza de la biodiversidad, el manejo adecuado de los recursos
genéticos, la preservación de las cuencas y la armonía del paisaje, adoptando
medidas necesarias de protección y su manejo sostenible, tomando en
consideración los criterios y conocimientos tradicionales de manejo ambiental de
los pueblos indígenas y respetando sus prácticas.
Cabe destacar, que en nuestro país el 8 de enero de 2007 pasa a la historia
como una fecha de gran trascendencia para el movimiento indígena nacional.
Primero, porque ese día se anunció la creación del Ministerio del Poder Popular
para Pueblos Indígenas (Minpi), quienes después de 514 años retoman el
protagonismo político. Segundo, porque con la designación de una dirigente
yekuana; Nicia Maldonado, como titular del nuevo ministerio, se hizo público el
cambio de rumbo, después de casi cuatro décadas de liderazgo wayúu,
considerando que los yekuana son poco menos del 1% de la población indígena
actual, que se estima en 553.000 habitantes (Minpi, 2007).
A pesar de los avances innegables en materia legal, en Venezuela, los pueblos
originarios continúan viviendo situaciones que afectan sus derechos
fundamentales y podrían a largo plazo amenazar su supervivencia. La mayoría de
la población indígena continúa viviendo en los estados fronterizos y en zonas
geográficas de difícil acceso: regiones semidesérticas, en los bosques o las
montañas. Es algo que explica su historia y que conlleva a que las comunidades
deban superar una serie de dificultades en la aplicación de estos nuevos derechos
(Leal, 2008).
Indígenas de Venezuela y su Relación con el a
Ambiente.
Para contribuir con las líneas estratégicas para la conservación de la diversidad
biológica emanadas del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente (2010,
p.18), se procede a la “sistematización, rescate y divulgación el conocimiento
ancestral” y tradicional garantizando la soberanía de los pueblos indígenas,
caracterizando su forma de vida, elementos de su historia, manejo de flora y
fauna, su cosmovisión y cultura para una aproximación a su situación actual.
De acuerdo con los señalamientos de Monsonyi y Bracho (2008, p.49) “en la
visión indígena tradicional el ser humano y el ambiente son una misma cosa” y es
por ello que pueblos como los Waraos y los Pemones le rinden culto a la ley de
causa y efecto, es decir, consideran que toda acción que realicen genera o produce
una consecuencia, de allí que estén en constante estado de alerta y se relacionan
con el medio natural desde una perspectiva de respeto a fin de no causar consecuencias indeseables que inevitablemente recaerían sobre ellos, a fin de
llevarse en armonía con el ambiente y otros seres vivos.
En este sentido, los Waraos denominados “hombres de canoa”, representan a
una etnia del Delta del río Orinoco y parte del sur del estado Monagas, su
población asciende a unos 36.000 individuos, caracterizados por ser pescadores,
cazadores y recolectores. Los Waraos otorgan a la naturaleza un sitial importante
dentro de sus creencias y tradiciones, en especial al agua y el moriche, como
señala Vaquero (2000, p.51); el vital líquido “originará, mediatizará y acompañará
a las manifestaciones culturales del grupo; concurrirá, omnipresente, en la
existencia total de los waraos”, ya que por allí se desplazan en sus curiaras,
edifican sus casas o palafitos y obtienen sus alimentos. En el caso de los
morichales la aprovechan al máximo extrayendo del tronco harinas, bebidas y
gusanos que sirven de sustento alimenticio, además de tablas para pisos y
plataformas; del racimo consiguen frutos, bebidas, mermeladas y leña y por
último del cogollo sacan las verduras y fibras con las que realizan guayucos,
maletas, calzados y sogas (Wilbert y Ayala, 2009).
Así mismo, en esta cultura se practican danzas o bailes de agradecimiento por
las cosechas: El Naha namu es una danza destinada a agradecer a Kanobo (ser
superior) por la comida proporcionada a lo largo del año, se relaciona lo espiritual
con lo ambiental, las almas son inmortales y existen diversos Jebus (espíritus) que
se introducen en el ser humano, siendo el chamán Wisidatu el intermediario entre
ellos, para realizar este baile es necesario la presencia de tres chamanes uno
sacude una maraca emplumada, otro la maraca sin plumas y el último toca una
trompeta hecha del moriche con una embocadura de cera de abejas llamada
Isimoi, ellos presiden el baile circular y marcan el paso seguido por los demás.
(Velásquez, 2004).
En definitiva, los Waraos están íntimamente relacionados con el hábitat
donde viven, conformados mayoritariamente por ecosistemas acuáticos, además
los componentes de la naturaleza como el agua, luna, sol, selva, río y tierra hacen
posible su subsistencia. Así mismo, como la gran mayoría de los pueblos
indígenas tienen una cosmovisión muy marcada con estos componente, para ellos la luna es un rabipelado de un solo ojo prendido de las nubes por la cola y la
llaman Waniku, que de día duerme y de noche se mantiene alerta con un ojo
abierto vigilando su alrededor. Ellos cuentan que si el rabipelado abre mucho el
ojo, la noche será clara y otras veces sólo lo abre a medias, por eso hay noches
con luna o sin ellas. (Wilbert y Ayala, 2001; Vaquero, 2000).
En cambio para el pueblo Pemón “gente” ubicados en el estado Bolívar y
áreas vecinas de Guyana y Brasil, la naturaleza en sí, es inspiración de leyendas y
narraciones orales, las cuales son la forma principal de transmitir su tradición
según Perera (2008, p.659) de acuerdo con el estudio realizado por Thomas en
1983 el cual considera que para los Pemones: “todos los animales y plantas tienen
alma, pero las piedras carecen de ella y son sitios de habitación para los espíritus
malos”. Con base en lo anterior, este grupo ha sufrido diversas intervenciones en
sus creencias, básicamente el Pemón no cree en un ser supremo único y creador de
todas las cosas, más bien su vida está marcada por la existencia casi mítica de
ciertos seres que manejan diversos estados de la conciencia y los sitios, como
especie de demonios o Dioses con poderes específicos sobre una situación o lugar
determinado.
Por lo que, Madden (2009, p.83) considera que “La sociedad Pemón o
Pementón es la sumatoria de la transmisión de la cultura Caribe de generación en
generación a lo largo de los siglos … Sus valores y costumbres … representan una
forma de vivir en armonía con la naturaleza”; es por ello, que a pesar de la
intervención de otras culturas y la adopción de costumbres distintas a las
originarias, se hace necesario la preservación y divulgación de sus tradiciones y
saberes, para la preservación de los mismos, como un acervo cultural que
caracteriza a la gran mayoría de los indígenas en Venezuela.
Los Pemones están divididos en tres subgrupos dialécticos: Taurepán,
Arekuna y Kamaracoto, sin embargo, es difícil establecer delimitaciones
geográficas precisas: los Taurepán son denominados Pemón del sur, los Arekuna
como Pemón del norte y por último los Kamarakoto que son habitantes de las
zonas de Kamarata y Urimán, todos conservan su apego a las tierras y a su lengua,
además de sus tradiciones ancestrales, pero debido a la explotación minera y la
afluencia de turistas en la zona, este pueblo indígena ha variado algunas de sus
actividades entre ellas la dedicación a la minería y la inserción de materiales de
construcción como cemento, bloques y zinc en la construcción de sus viviendas.
(Thomas, 1983; Rivero, Vidal y Bazó, 2002).
El pueblo Pemón es uno de los que tiene un representante en la Asamblea
Nacional y en la conmemoración del día de la Resistencia Indígena 2010, el
diputado Pemón Luis González señaló que "el indígena ha hecho aportes valiosos
a la Nación, como por ejemplo el cuido y el amor a la tierra, de la cual no se debe
abusar extrayendo sus elementos en forma descontrolada" (Minpi, 2010,p.1) por
lo que debe existir un equilibrio en la sociedad, considerando que se han
reconocido los derechos reclamados por los indígenas en la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela. Sin embargo, es necesario que el resto de los
venezolanos respeten y consideren el carácter multiétnico y pluricultural existente
(Rivero y Velandia, 2010; Sánchez y Hernández, 2004).
Resulta comprensible que para estos pueblos sea tan importante la
conservación de sus espacios naturales tanto como la protección de sus idiomas y
sus tradiciones ancestrales, como lo apuntan Sánchez y Hernández (ob. cit., p. 3)
“no se puede hablar de preservación de los pueblos indígenas y sus culturas, sin
preservar al mismo tiempo sus territorios ancestrales”. De acuerdo con los
precitados autores, la relación de los pueblos indígenas con su hábitat es de suma
importancia ya que ellos son conocedores y partícipes de la dinámica de
dependencia recíproca. Además, a través de sus prácticas se mantiene el equilibrio
ecológico porque están conscientes de que al producirse una alteración afectaría
sus vidas y su cultura.
Aunque sigue aumentando la intervención de otras culturas en estos pueblos,
en el caso de los Yanomami, gentilicio que significa literalmente ser humano u
hombre que tiene una casa, no es así, siendo considerados como una de las
comunidades menos influenciadas por la civilización occidental. Se encuentran
ubicados en el estado Amazonas, en las cuencas de los ríos Orinoco, Mavaca, Padama, Siapa, Ocamo y Orinoquito, sin embargo, desde finales de la década de
los noventa ha sido castigada por epidemias como tuberculosis, hepatitis, malaria,
entre otras, además de masacres causadas por la codicia de los buscadores de oro,
por eso ellos consideran a la selva como su hogar y protección contra los criollos
quienes son considerados como una amenaza, no sólo por la posible dependencia
a la que los someten, sino por las enfermedades que traen consigo. (Sanoja y
Vargas 1999; Vaninni 2008).
Para este pueblo Yanomami la naturaleza es sagrada y el destino del hombre
está inevitablemente conectado al destino de su ambiente, tienen un líder religioso
o chamán, a quien se le atribuyen poderes curativos y de comunicación con el
mundo espiritual y así como otros pueblos, también transmiten a través de
narraciones sus mitos sobre la creación de sus pueblos, considerando que existe
una transformación o descendencia entre los animales y las personas; para ellos al
inicio de los tiempos los animales eran humanos, siendo la personificación de
potencias invisibles y al pasar de los años han demostrado vivir en armonía con su
ambiente, respetando todo lo que está a su alrededor.
Así mismo en la cotidianidad de los Yanomamis, relacionan todos los
elementos con su entorno natural, de allí que su campamento llamado Shabono en
donde realizan las fiestas y ejecutan sus danzas, señala Vaninni (2008, p.235) que
no es simplemente el lugar donde residen sino “un círculo mágico entre el hombre
y la naturaleza, refleja también la organización social, el orden cósmico y expresa
una visión simbólica del tiempo y el espacio”. Este pueblo denominado por
algunos antropólogos como los “hijos de la luna” consideran a este satélite de la
tierra como el más importante, ya que la observación de sus fases les indica
cuándo sembrar o cortar los troncos para sus shabono, siendo este más importante
que otros astros (Fuentes, 1980).
En definitiva el hogar de los Yanomami es sagrado para ellos, ya que
consideran que la selva merece respeto, al igual que la vida, los hombres y los
animales, a pesar de que deben cazar para subsistir, nunca cazan más de lo que
pueden consumir, por lo que existe una gran diferencia con el mundo occidental en la finalidad de cazar, ya que no lo hacen para destruir o alardear de lo que son
capaces de lograr. (Perera 2000; Vaninni 2008).
Seguidamente, se encuentran los Wóthüha, también conocidos como piaroas
o De´aruwa “dueños de la selva”, su lengua: pertenece a la familia lingüística
Sáliba-Piaroa. Es una de las comunidades demográficamente más importantes de
la región Guayana, las cuales conciben al mundo como un territorio donde
coexisten las personas, las plantas y los animales, reconociendo un vínculo de
parentesco entre ellos, de allí que si algunos de los integrantes del pueblo sin el
debido permiso ritual ingiere carne de un animal considerado como pariente, éste
como castigo le provocará una enfermedad o será devorado por otro animal.
(Mansutti y Rodríguez 990).
Los integrantes contemporáneos de los Wóthüha a pesar de ser los herederos
de ricas creencias ancestrales anteriormente mencionadas, siguen manteniendo un
respeto por la naturaleza y por ello tienen prácticas sustentables. En tal sentido, la
horticultura representa su principal fuente de subsistencia y la yuca es el cultivo
más relevante de sus conucos. Una buena proporción de frutas y subproductos de
la yuca consumidos en Puerto Ayacucho llegan gracias al cultivo y posterior
comercio con los colonos y comerciantes regionales. Así mismo, trabajan en la
recolección de palma de chiquichiqui y en la pesca comercial. (Mansutti, 2011).
Actualmente, la población de los Wóthüha ocupa un territorio compartido
entre Venezuela y Colombia, producto de las migraciones de grupos que huían del
régimen de las caucheras y de las empresas explotadoras de carbón. Posterior a
esto, establecieron su nuevo territorio compartido entre los dos países,
consolidando asentamientos y la adopción de un patrón de residencia plenamente
sedentario. Cabe destacar que los integrantes de la etnia Wóthüha representan un
modelo de comportamiento pacífico a nivel social.
A diferencia de los pueblos anteriormente mencionados los Wayúu habitan en
ecosistemas desérticos y áridos y no en zonas húmedas o selváticas, lo que genera
que su actividad comercial principal sea la cría de ganado, la siembra de algunos
alimentos como el maíz, yuca, auyama, entre otros, y el comercio de artesanías; sin embargo, se relacionan en la cosmovisión de sus pueblos ya que para los
Wayúu así como para los Pemones todos los componentes de la naturaleza están
dotados de vida y su cultura es considerada importante en la Etnoastronomía, es
decir, el conjunto de saberes indígenas sobre la bóveda celeste y otros fenómenos
del cosmos.
Para los Wayúu las constelaciones forman parte de su relación entre animales
y humanos, entre la tierra y el universo, Fuentes (2010, p. 14) señala que al unir a
la constelación de la osa mayor, boyero y la estrella Arturo, ellos logran observar
en el cielo nocturno “una corona sagrada llamada Karats utilizada por los
hombres en una danza ritual llamada: Yonna y la desaparición de esta constelación
les anuncia el inicio de las temporadas de lluvia”. Esta danza alude a través de sus
movimientos y recorridos al ambiente circundante del pueblo y tiene una gran
significación, mostrando una estrecha relación entre la naturaleza y su cultura
ancestral (Carrasquero, Finol y García, 2009).
Esta comunidad indígena Wayúu es un patrimonio cultural intangible de gran
importancia; considerado como el más numeroso en nuestro país, asentado en la
península de la Guajira desde mucho antes de la intervención europea y con una
tradición de saberes etnobotánicos y de medicina tradicional sustentada en los
conocimientos del chamán o payé; según Ramírez (2008, p. s/n).
El manejo y uso de plantas con fines terapéuticos tiene una larga tradición
entre los Wayúu. Ello se expresa en que la utilización de estas plantas se
lleva a cabo de diversas formas, entre las que se pueden mencionar:
aplicación directa, jugo o zumo, baños, polvo, fricciones, cataplasmas,
pasta, vapor inhalado, lavados, cenizas, masticación, rayada, inhalación,
humo y azote.
No obstante, el deterioro del ambiente en parte de la península de la Guajira
venezolana donde habita esta comunidad indígena, plantea graves problemas no
sólo a ellos, ya que amenaza los recursos, estilos de vida y la preservación de las
culturas tradicionales, sino que también afecta al Estado venezolano, debido a la
implicación geopolítica y antropológica de esta región fronteriza con Colombia;
por tanto, son necesarias medidas concretas para combatir ese deterioro.
De allí la importancia de conservar y respetar los saberes, destrezas y
prácticas ancestrales que constituyen una necesidad perentoria en la interrelación
entre los pueblos, el ambiente y el resto de la sociedad, lo que permitiría el
mantenimiento de la vida en estos lugares, ya que por años se ha demostrado que
la educación en materia ambiental se ha enmarcado dentro de una visión
antropocéntrica, es decir, considerando al ser humano separado de la naturaleza,
colocándolo como dueño o especie superior con derecho de apropiarse, controlar
y explotar el ambiente, visión contraria a la de los pueblos indígenas que
consideran que todos somos parte de la naturaleza, como un elemento más y
dándole la utilidad al ambiente que permita la supervivencia de ella minimizando
los daños que pueda sufrir el planeta.
Cerca del pueblo Wayúu, específicamente en la Sierra de Perijá se ubican otros
pueblos originarios que han padecido la intervención de la cultura occidental,
entre ellos señala Colmenares (s/f, p. 12) “los pueblos Barí, Yukpa, Japreria o
Yankshitu ubicados al pie de monte de la serranía”, para estos tres pueblos la
tenencia y producción de la tierra que le sirve de sustento es motivo de disputa en
vista de que no están de acuerdo con la demarcación emanada del Estado
venezolano y por los colombianos desplazados que ahora ocupan buena parte de
los terrenos de los Barí. Dentro de su cosmovisión Sabaseba, héroe mítico,
moldeó y estructuró la tierra hasta darle su forma actual. A partir de su
comportamiento, los Barí aprendieron los rudimentos de su cultura y la forma de
relacionarse correctamente y en armonía con el ambiente. La tradición mítica
reside en todos los miembros del grupo, razón por la cual no hay una figura que se
designe como especialista (Minpi, 2007). Cabe destacar, que para los Bari es
importante el uso del suelo para sus cultivos y su potencial biogenético e hídrico.
Esta muestra de culturas indígenas presentadas en el estudio nos permite
reflexionar sobre la vinculación de los elementos de la naturaleza como los
animales, plantas y el agua con su quehacer diario, esto forma parte de sus
creencias y tradiciones las cuales transmiten a sus sucesores mediante narraciones
orales mejor conocida como mitos o leyendas que contribuyen a la formación de los niños y niñas de esas comunidades, las cuales son poco conocidas y valoradas
por los venezolanos.
los niños y niñas de esas comunidades, las cuales son poco conocidas y valoradas
por los venezolanos.
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